Un lugar para brillar: la primera generación de Beca Insignia

Un sueño que nace en un contexto adverso
En un país como Costa Rica, donde los artistas suelen ser subestimados y han tenido que luchar una batalla silenciosa a nivel público, pero profundamente intensa dentro de sus propias comunidades, Maracuyá nace como un sueño: una revoluUn sueño que nace de la necesidad de crear
En un país como Costa Rica, donde los artistas suelen ser subestimados y han tenido que luchar una batalla silenciosa a nivel público, pero profundamente intensa dentro de sus propias comunidades, Maracuyá nace como un sueño: una revolución artística y un refugio para quienes están ansiosos por crear.
Tres años después de su apertura, el proyecto toma una decisión que para muchos podría parecer atrevida por el poco tiempo que lleva en marcha. Sin embargo, para Miguel Mejía, fundador de Maracuyá, ningún sueño es demasiado atrevido, grande ni lejano.
Es así como decide abrir un nuevo proyecto de becas al 100% para estudiar en Maracuyá. Tras una exhaustiva planificación y más de 50 audiciones, logra seleccionar a seis personas que materializarían ese anhelo de abrir puertas y brindar oportunidades a artistas dispuestos a darlo todo. De esta forma nace la primera generación de Insignia.
Seis artistas, una misma lucha
Rolo Vargas, Devy Chaves, Sebastián Castro, Marianne Vargas, Keylor Cruz e Isabela Blanco son los nombres de los artistas que dan vida a esta primera generación de becados. Jóvenes de distintas edades, procedencias y capacidades artísticas que comparten un mismo rasgo: la resiliencia.
Cada uno, a su manera, ha tenido que enfrentar adversidades dentro del ámbito artístico: desde las limitaciones económicas para poder prepararse, hasta los constantes rechazos en audiciones, e incluso la falta de espacios académicos y de conversación en torno al arte a nivel nacional.
Y aunque suene crudo, esta es una realidad absoluta para muchos artistas: no cumplir un sueño por falta de información, por ausencia de respaldo y por la escasez de oportunidades.
Cuando la lucha empieza a transformarse
Sin embargo, esta lucha artística comienza a dar frutos y se evidencia en el día a día. Cada vez hay más teatro musical, más cantantes que se atreven a ofrecer conciertos y a lanzar su música original. Se refleja cuando madres y padres deciden apoyar los sueños de sus hijos artistas, y cuando colegas logran vivir plenamente de aquello que, durante tanto tiempo, fue visto solo como un hobby y no como una vocación.
La lucha también se hace visible cuando el Ministerio de Cultura y Juventud, junto al Ministerio de Trabajo, presenta un proyecto de ley que busca, por fin, reconocer el arte como un empleo digno. Y se sostiene cuando espacios como Maracuyá abren oportunidades que permiten que este esfuerzo colectivo continúe y se fortalezca.
Más que una beca: compromiso, respeto y comunidad
Pero estas oportunidades solo valen realmente la pena cuando existen artistas comprometidos, con deseos genuinos de aprender, crecer y representar con orgullo el ámbito creativo costarricense. Estos espacios son para quienes saben aprovecharlos, y no para quienes deciden jugar con el sueño y la lucha de miles de personas.
Esta primera generación de Beca Insignia es el vivo ejemplo de ello. Jóvenes que, pese a las adversidades, se mantienen en pie representando el proyecto con compromiso y coherencia.
No son solo artistas: todos cursan carreras universitarias, trabajan, sostienen vínculos personales y encuentran tiempo para seguir creando. Han aprendido que hacer arte no implica habitar espacios tóxicos, sino construir procesos sanos y humanos.
Un año de crecimiento dentro y fuera del escenario
En el transcurso de un año, estos jóvenes han participado en diversas producciones. Todos formaron parte de West Side Story; algunos integraron proyectos como Cenicienta y otros Hadestown. Además, varios continuaron su formación en clases de canto y todos colaboraron activamente en labores de producción y enseñanza cuando fue necesario.
Han adquirido herramientas para audicionar en proyectos externos a Maracuyá y abrirse camino en otros espacios, impulsados por una confianza que se fue construyendo ensayo tras ensayo.
Decir “soy artista” y creerlo
Al final, la confianza es esencial. Maracuyá les ha enseñado a decir en voz alta y sin miedo: “Soy artista”. Este es solo el comienzo para este grupo de jóvenes con un futuro prometedor.
Hoy puedo escribir desde la experiencia, desde el orgullo de haber sido parte de la primera generación de Beca Insignia. Agradezco profundamente a la comunidad de Maracuyá, a mis compañeros y compañeras, y a cada artista que lucha para que estos espacios existan y sean respetados como lo que son: trabajo digno.
A la segunda generación de Beca Insignia 2026, solo puedo decirles que, cuando crucen esta puerta, entenderán que nunca estuvieron perdidos y que, por fin, llegaron a casa. Que honren este título, porque este sueño es de todos y entre todos debemos cuidarlo.
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Historias que resuenan. Éxitos de nuestra comunidad
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